La muestra de crueldad más repudiable y la lección de karma más brutal que he presenciado ocurrieron anoche, en un elegante restaurante clásico del centro de la ciudad.

Don Roberto, un distinguido anciano de mirada nostálgica, llevaba horas sentado en silencio frente a una mesa perfectamente arreglada para dos. Valeria, una mujer arrogante de la alta sociedad que cenaba a pocos metros, decidió que era buena idea hacer de él su burla personal. Con una copa de vino Leer más