Creyó que el ciego no podía defenderse, hasta que él le mostró la grabadora oculta.
—Da un paso más, mi amor. Solo un pasito más. Quiero que sientas la brisa del mar en tu cara. Confía en mí, yo te estoy agarrando muy fuerte por la cintura. No te va a pasar nada. La voz de Elena sonaba increíblemente dulce, casi como si le estuviera Leer más









